Tenemos una comarca de la que sentirnos orgullosos. Pero todavía podemos hacer más para ser la Vega Baja que merecemos en 2027.
Una tierra que se reconoce en los detalles
Hay algo especial en desayunar pan de horno, en saludar al vecino por su nombre o en ver cómo el cielo se tiñe de naranja sobre los campos de cítricos de la Vega Baja del Segura.
A veces, no hace falta un gran discurso para sentirse parte de algo. Para sentir que somos Vega Baja, nos basta con abrir la ventana y respirar lo que es nuestra tierra.
Montaña, mar, río, campo, tierra y asfalto… esta comarca aún tiene mucho que aportar a la Comunidad Valenciana.
Sin grandes titulares ni fuegos artificiales, cada día tejemos comarca. Y en ese gesto silencioso, se enciende una certeza: somos Vega Baja, aunque casi nunca lo digamos así.
Lo que no sale en las noticias (pero lo cambia todo)
Cuidar a los mayores, mantener viva la tienda del barrio, acompañar al crío a entrenar al campo de tierra… No son actos épicos, pero son los que sostienen la vida real. Los que hacen comarca, incluso sin pretenderlo.
Mientras tanto, muchas decisiones que nos afectan se siguen tomando lejos, con poco conocimiento del territorio.
Por eso, cada vez más voces reclaman algo distinto: un proyecto comarcal que se base en lo que ya somos en la Vega Baja, pero que apueste por todo lo que podemos llegar a ser.
#27para2027: una ruta para pensar en colectivo
En medio de este momento, surgen propuestas que nos invitan a mirar a 2027 no como una fecha lejana, sino como un horizonte al que llegamos si trazamos el camino juntas y juntos.
Es lo que plantea #27para2027, una mirada renovadora que reconoce que hay 27 municipios, sí, pero que la dirección solo puede ser una.
Un modelo que priorice la vivienda digna, el empleo juvenil, la reindustrialización y la igualdad de acceso a la sanidad y educación en toda la comarca. Sin olvidarse de lo más sencillo: hacer de nuestras pequeñas cosas una política grande.
Ser de la Vega Baja nunca fue una etiqueta, sino un compromiso
Nos lo enseñaron nuestros padres y nuestras abuelas: lo que se cuida, dura.
Y la Vega Baja ha demostrado ser un lugar que se cuida. Que merece futuro. Y que no necesita copiar fórmulas ajenas, sino confiar en sus propios recursos, su gente y su identidad.
Porque al final, somos de la Vega Baja no solo por haber nacido aquí. Es haber apostado por quedarse. Por mejorar.
Por avanzar sin perder las raíces.
¿Te unes a nosotros?